Hoy quiero compartirte algo personal.
Después de muchos años sin renovar mi visa para viajar a Estados Unidos, finalmente decidí retomar el proceso. Sabía que era un trámite tedioso, pero me armé de paciencia: llené formularios, pagué lo necesario y me presenté puntual a mis citas, primero para la foto, y luego a la entrevista en la embajada.
Llegado el momento, llevaba todos mis documentos listos, con la mejor disposición. Pero tras una entrevista de apenas cinco minutos, la cónsul decidió que no era una buena candidata.
Salí de ahí con una sensación de tristeza e impotencia que me duró toda la tarde.
Pero al final del día, algo dentro de mí me recordó lo esencial:
No necesito que nadie apruebe quién soy o lo que hago.
Mi valor no depende de un trámite ni del juicio de otra persona.
Dios me ama tal como soy, y eso basta.
No permitas que una experiencia te haga dudar de tu valor.
A veces, las puertas se cierran para protegernos, para redirigirnos o simplemente para recordarnos que ya somos suficientes.
¿Has pasado por un momento en el que sentiste que alguien te juzgó sin conocerte?
Cuéntame cómo lo superaste o qué te ayudó a recordarte tu verdadero valor.
Te leo con el corazón abierto. 💕
Descubre más desde Bienvenidos a Que te impulsa
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
