Espejo y máscara para reflexionar sobre la vanidad, el vicio maestro.

Vanidad vicio maestro

Echando un vistazo a… La Vanidad: el “vicio maestro”
Por Araceli López Méndez R.Sc.P.
contactoaracelilopezmendez29@gmail.com


Seguramente muchos recuerdan la película El Abogado del Diablo. En su escena final, el personaje que encarna al diablo por el gran actor Al Pacino, pronuncia con deleite: “¡Vanidad, mi pecado favorito!”. Y cómo no serlo… si con solo tocar esa delicada fibra vanidosa, la manipulación se vuelve sencilla. Basta una alabanza calculada para que “el abogado” ceda ante sus insinuaciones. Como bien dijo Deepak Chopra: “Los seres humanos inventaron al diablo para poder echarle la culpa a alguien”.


En la Tercera Morada, Santa Teresa describe la Segunda Sequedad del ser, y allí encontramos la vanidad en su forma más profunda. No se trata de arreglarse o lucir bien —lo cual es saludable si se encausa con equilibrio—, sino de esa soberbia que no reconoce más razón que la propia; de la egolatría que ansía elogios y no admite semejantes; de un narcisismo que desprecia y maltrata, o incluso, de una falsa humildad que en el fondo solo busca aplausos.

Mostrar nuestro valor y reconocer nuestras cualidades es sano; excederlo, es caer en el vituperio. La persona vanidosa suele creer que su opinión es la única válida, recurriendo a chantajes, manipulación, descalificación o desaprobación para imponerse. Con frecuencia, observa con lupa los errores ajenos para erigirse en juez y dictar sentencia.

Pero en lo más hondo, la vanidad esconde dolor y sufrimiento. Sanarla requiere un primer paso: reconocerla. Solo así podremos transitar el camino hacia el amor, la aceptación, la seguridad, la confianza, la autoestima, el respeto y la comprensión. Solo así podremos recordar que somos seres únicos, irrepetibles y eternamente uno con el Creador.

La vanidad, en el fondo, no es más que otra máscara del miedo y la inseguridad.
Lupita Sánchez del Moral, gracias por inspirarme en este tema.

Afirmación: En el eterno presente, me reconozco con una autoestima alta y vibrando en Amor incondicional. Estoy segur@ de mí mism@, sin necesidad de la vanidad. ¡Y así es!

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