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Figura femenina eterea

Desnudar el Alma

por Araceli López R.Sc.P.
araceli.lopez29@outlook.com

“Desnudar el alma” es, digamos, la intimidad, es la zona abstracta que una persona se reserva para un grupo acotado de gente, generalmente familia, amigos, pareja, guía espiritual y/o terapeuta.

Si bien, este ejercicio puede resultar fascinante, ¿qué sucede cuando “desnudar el alma” se convierte en un asunto de miedo, de temor provocando una tremenda insatisfacción, una gran inseguridad, una barrera que nos impide fluir con la vida?

El temor a “desnudar el alma” tiene origen en la niñez y/o la adolescencia, cuando a través de las comparaciones, castigos, regaños y reprimendas, l@s niñ@s se vieron sometid@s a chantajes y manipulaciones con el fin de educar. Es bien sabido que los seres humanos somos víctimas de víctimas, ya que, la formación que se llevó a cabo generación tras generación, fue transmitida hasta hace poco tiempo de una forma sumamente tradicional, de maltrato y culposa. Afortunadamente, esto se está modificando y tendrá, como todo tipo de evolución, su punto de quiebre y transformación.

Por otro lado, también es posible que se hayan tenido vivencias traumáticas pendientes por sanar o superar que nos mantienen avergonzad@s y consumid@s por el dolor.

Dicho lo anterior, para muchas personas resulta tortuoso “desnudar el alma” en virtud de que, abrir el corazón, puede representar el ser juzgad@s y/o rechazad@s.

Desafortunadamente, casi nadie nos enseña a aceptar que somos mucho más que la piel que habitamos, que el carácter que hemos forjado, que el pensamiento que nos individualiza. Nuestra verdad, nuestra realidad inexorable es que “somos un espíritu pasando por una experiencia humana”, tal y como nos refiere el gran sabio Teilhard de Chardin, y, por ende, estamos aprendiendo a dirigir nuestra apariencia carnal conocida como ego; a romper con las tribus, clanes y lealtades que nos han precedido y de quienes heredaremos un cúmulo de conocimiento dubitativo, inseguro y medroso a través de la mente subconsciente y colectiva. Dado lo cual, “desnudar el alma” dentro de la experiencia meramente humana, debería ser algo liberador, de tolerancia, de empatía y compasión, pues es sólo una parte de nuestro ser que no debe ser juzgado. No obstante, y regularmente, desistimos y nos ahogamos en las auto recriminaciones cuando nos sentimos defraudad@s por los demás cerrándonos a toda oportunidad, culpando a otr@s y a las circunstancias, olvidando que esto que llamamos vida terrenal, es únicamente un gran teatro, una gran apariencia.

Hoy les invito a no desistir, a ser intuitiv@s para elegir el espacio y la persona idónea quien escuche sin juicio nuestra exposición al “desnudar el alma”, con consideración y respeto hacia la persona que albergará nuestros relatos, pues no es un asunto de vaciar nuestro veneno en otr@, sino de ser auténtic@s para permitir que nuestra chispa divina brille y mantenga de manera consciente el lazo indivisible del Amor.

Afirmación: “yo soy, lo que Yo Soy. Yo soy, lo que Dios Es. Evito el juicio y permanezco desnudando mi alma al bien ¡Y Así Es!