Por Araceli López Méndez R.Sc.P.
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La mayoría de las personas solemos decir que deseamos mejorar en tal o cual cosa, o bien, simplemente ser mejores seres humanos. En lo personal prefiero el término “evolución”, ya que esto me habla de transformación, de cambio sustancial, de una metamorfosis que nos convierte gradualmente en alguien libre y pleno.
Podemos estar seguros de que todo en nuestro entorno nos habla de la “evolución”, la ciencia en todas sus formas, la tecnología y desde luego la humanidad, aunque en ocasiones pareciera que no es así.
Considero que es muy importante fomentar en uno mismo la “evolución” observando toda nuestra persona, desde el punto de vista material o físico, nuestra salud mental y emocional y desde luego, nuestra espiritualidad; Es decir, reconocernos desde una plataforma integra, llevando en paralelo todos estos aspectos para honrar a nuestra alma y permitir que esta “evolucione” de la manera más amable posible. No obstante, sería idóneo no agobiarnos a cada paso que damos o de sentirnos culpables ante los muy posibles errores pues justamente eso también es parte de la “evolución”. Esto se trata de fluir como corchos en el agua, de sentirnos cómodos al ir adquiriendo conocimiento y experiencias sin descuidar ninguna de las áreas que forman nuestra vida.
Uno de los ejemplos más significativos de “evolución” es el de la mariposa. Este ejemplar tiene la grandiosidad de transformarse de manera perfecta empezando porque no tiene ninguna resistencia al cambio. Todo inicia en un pequeño huevecillo dentro del cual se haya un diminuto insecto que posteriormente se convierte en oruga y finalmente aparece la mariposa. Durante la metamorfosis, se lleva a cabo un desarrollo celular en el interior del capullo el cual se mantiene intacto hasta que la mariposa lo rompe con sumo cuidado para cerrar el ciclo e iniciar el vuelo. Pareciera que instintivamente celebra cada paso de la transición.
Así me gusta imaginarme a mí misma y en general al ser humano, como una mariposa que se genera todas las capacidades sin obstinarse en retar a la Vida y las Leyes Divinas.
Nuestro fundador Ernest Holmes define el cambio humano y espiritual de una manera única citando: “No cabe duda que nuestra eterna evolución es un proceso interminable a través del cual llegamos a ser más conscientes de la vida. Es algo que nos da gozo contemplar, no importa cuánto bien podemos experimentar. Hoy día sabemos que esto es sólo un indicio de que viene mucho más en camino.”
Esto nos habla, como en la mariposa, de una “evolución” del ser siempre en espiral ascendente encontrando así el misterio de nuestra propia divinidad, de esa fuerza co-creativa intrínseca con todo el poder transformador de convertirnos en un cristo que vive y manifiesta todo aquello para lo cual estamos aquí.
Así pues, concluyendo el tema, todo el aprendizaje que llevamos en el capullo, cualquier experiencia por dura que parezca, bendigámosla y agradezcamos que siempre aportará bendiciones a nuestra “evolución” espiritual.
