Echando un vistazo a… Salir del clóset
Por Araceli López Méndez R.Sc.P.
araceli.lopez29@outlook.com
Cuando escuchamos el término «salir del clóset», la mayoría lo asociamos con la comunidad LGBTQ+, refiriéndose al acto de revelar públicamente una orientación sexual o identidad de género distinta a la esperada o previamente oculta. Es una decisión profundamente personal que implica mostrarse tal cual uno es, ya sea de
forma gradual o en un solo acto.
En mi caso, experimenté lo que podría llamar “salir del clóset financiero”. A raíz de
un evento económico que viví con mucho miedo, desconocimiento y un profundo
sentimiento de vergüenza, recurrí a mi amigo Víctor Piña en busca de orientación.
Le compartí mi situación, esperando una solución técnica. Pero lo que recibí fue
algo aún más poderoso: una invitación a la honestidad. Su consejo fue claro y
directo: “Ara, ya sal del clóset financiero«.
Me dejó atónita. Pero en ese momento comprendí una verdad que ya venía intuyendo: todos, en algún nivel, estamos dentro de un clóset. Ocultamos aspectos de nuestra vida por miedo al juicio, al rechazo, por vergüenza, por querer protegernos o proteger a otros. Y así, vamos cargando con pesos innecesarios que nos impiden avanzar.
Después de reflexionar y, sobre todo, de sentirme sostenida por el amor incondicional de mi familia, decidí enfrentar la situación. Me di cuenta de cuántas historias de terror me había contado a mí misma. Cuántos infiernos mentales construí con ideas que no eran reales. Y así, una vez más, volví a reinventarme, a reconstruirme, a reconocer que no soy mis errores, que ellos no definen la totalidad de mi ser. Soy mucho más: soy una mujer comprometida con su evolución, con su sanación, con el desaprendizaje de viejas creencias para sembrar nuevas, más saludables y fértiles.
Gracias a mi práctica con la Ciencia de la Mente, comprendí también que no solo salí Del clóset financiero… salí del clóset de la víctima.
Para cerrar este escrito, quiero compartirte la frase final que me regaló mi querido
amigo Vic, quien me escuchó con atención, compasión y sin juicio: “Vive para sanar” y yo respondí con todo mi ser: ¡Amén!
Afirmación: Hoy elijo vivir con valentía, reconociendo que mi verdad es mi fuerza, y que, al revelarla, abro espacio para la libertad, la sanación y el amor propio ¡Y Así Es!
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