Echando un vistazo a… Ser Único e Irrepetible
Por Araceli López Méndez R.Sc.P.
contactoaracelilopezmendez@gmail.com
“Mejor fallar en la originalidad, que triunfar en la imitación.” –
Herman Melville.
Seguramente hemos escuchado más de una vez esta frase, y quizá nos suene a algo repetido o trillado. Sin embargo, es una gran verdad que vale la pena recordar una y otra vez. Basta mirar nuestras huellas dactilares para solo comprobarlo: no hay otras iguales en todo el planeta. Ese simple detalle nos confirma que somos seres absolutamente únicos e irrepetibles.
¿Por qué es tan importante recordarlo?
Porque al hacerlo, evitamos caer en el hábito —tan común— de compararnos con los demás. No tenemos por qué ser como nadie más. A veces confundimos el comparar con el emular o admirar a alguien, cuando en realidad son cosas muy distintas.
Por ejemplo, podemos sentir una profunda admiración por la Madre Teresa de Calcuta. Conocemos su historia, su entrega, su grandeza espiritual, y deseamos seguir su ejemplo. Eso es algo sano y enriquecedor. Emular su bondad es posible, siempre y cuando lo hagamos desde nuestro propio espacio, con nuestro propio estilo y esencia. Porque no podremos ser nunca como la Madre Teresa, ni ella podría haber sido como nosotros.
Hay que reconocer que somos únic@s e irrepetibles dado que, también implica aceptar que las mismas cualidades divinas que ella manifestó existen en nosotros. Cada persona tiene la libertad y el privilegio de expresarlas de manera distinta, a través de sus talentos, habilidades y formas de amar. No necesitamos ser famosos para revelar nuestra esencia; la autenticidad no busca escenarios, simplemente se expresa. Las personas célebres sólo hacen visible, ante muchos ojos, lo que todos llevamos dentro —o, en algunos casos, nos muestran lo que no queremos repetir.
La vida misma nos recuerda esta verdad a cada instante. Basta mirar la naturaleza: ninguna hoja es igual a otra, aunque pertenezcan al mismo árbol; ningún pasto crece idéntico a su vecino. Y las rosas… me encanta pensar que las rosas de un mismo rosal no compiten entre sí. No buscan cuál huele mejor o cuál es más hermosa. Simplemente son. Cada una expresa su belleza sin esfuerzo, permitiendo ser admirada por todos —ricos y pobres, hombres y mujeres, niños y ancianos— sin distinción.
Ser únicos e irrepetibles nos conecta con la autenticidad, ese don divino que nos permite experimentar la vida de una manera profundamente personal. A través de nosotros, eso que llamamos Dios, Buda, Krishna o como cada uno prefiera nombrarlo, se expresa y se reconoce a Sí mismo. Y eso es algo extraordinario: significa que el Amor, la Sabiduría y la Belleza se están manifestando de una forma exclusiva e irrepetible en ti, en mí, en cada uno de nosotros.
La invitación queda abierta:
Date permiso de cambiar de paradigma y sentirte realmente único, original, con un sello de autenticidad excepcional. Aun si fueras gemelo, sigues siendo inconfundible.
Porque nunca ha habido, ni volverá a haber, alguien exactamente como tú.
AFIRMO: “Soy un ser único, auténtico e irrepetible merecedor de experimentar las condiciones más favorables de la vida sin compararme con nadie” ¡Y ASÍ ES!
