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Paisaje con flores iluminadas cálidamente por un rayo de luz inspirada para el Blog de Araceli López Echando un vistazo a… LA CONSCIENCIA CRÍSTICA: un despertar desde el amor.

La consciencia crística

Por Araceli López Méndez R.Sc.P.

En esta Semana de Pascua que recién termina, deseo compartir contigo una reflexión profunda y amorosa sobre lo que significa vivir en Consciencia Crística, un estado de plenitud al que todos podemos aspirar.

¿Qué es la Consciencia Crística?
La Consciencia Crística es mucho más que un concepto espiritual: es un estado de ser. Es el reconocimiento de que somos una extensión viva del Poder Creador Universal, parte activa y co-creadora de Dios. Esta consciencia nos invita a descubrir y cumplir nuestro propósito de vida, (en el budismo se conoce como Dharma), con amor, servicio y claridad, tanto en lo individual como en lo colectivo.

Jesús, el Cristo, vino a mostrarnos este camino, no solo con palabras, sino con su ejemplo. A través de su vida, nos enseñó que todo en el universo tiene un propósito perfecto, no desde la moral humana, sino desde una comprensión espiritual más elevada.

Vivir desde la Consciencia
Cuando habitamos esta consciencia, dejamos de emitir juicios y prejuicios. En cambio, abrazamos los valores universales, cultivamos pensamientos constructivos y actuamos desde la paz interior. En este estado, nuestras decisiones ya no vienen del miedo o del ego, sino de una conexión directa con la sabiduría divina.

La Consciencia Crística es, en esencia, una armonía entre nuestro espíritu y nuestra humanidad. Es cuando nuestros hemisferios cerebrales —el racional y el creativo— trabajan en equilibrio, permitiéndonos vivir con una percepción expandida. Es lo que Jesús manifestó en vida, y lo que nos invitó a experimentar: «El que cree en mí, hará las obras que yo hago; y aún mayores…» (Juan 14:12).

El poder de transformar la realidad
Desde esta consciencia, todo lo que vivimos —la enfermedad, la escasez, el dolor— se
resignifica. Ya no lo vemos como castigo, sino como parte de un proceso de aprendizaje. Podemos entonces transformarlo en salud, abundancia, amor y comprensión. Y, sobre todo, acceder al regalo más grande: la paz interior y la conexión con el presente.

¿Cómo empezar el camino?
Este camino no requiere renuncias extremas ni sacrificios. No se trata de alejarnos de la vida, sino de vivirla con responsabilidad y autenticidad. No tenemos que rechazar el dinero, las relaciones o el gozo físico. Solo necesitamos conciencia, respeto y coherencia. Herramientas como la meditación, la oración, los decretos o afirmaciones, la visualización y la introspección son puertas que nos acercan al despertar. Nos ayudan a silenciar el ruido mental y a escuchar la voz de nuestro Cristo Interior.

Para florecer, es importante estar pendientes de nuestros pensamientos, evitando aquellos que son destructivos y que nos conducen a sentir malestar hacia los demás y hacia uno mismo. Posteriormente, erradicar el juicio, la crítica y las opiniones no pedidas, descubriendo la integridad de cada ser vivo y vinculándonos con la autenticidad. “Aquel de ustedes que esté libre de pecado, que tire la primera piedra” Juan 8:1-7. Gran lección de Jesús el Cristo.

El milagro de vivir despiertos
A medida que avanzamos en este despertar, comenzamos a ver los cambios: nos sentimos más en paz, más presentes, más conectados. Comprobamos que los milagros existen, que la vida se vuelve más liviana y amorosa. Y, poco a poco, el miedo, la incertidumbre y la duda se disuelven, dando paso a la intuición, la plenitud y la fe.

Gracias, Bendito Maestro Jesús, por mostrarnos este camino de Amor y Aceptación. Que en estos días de Pascua y siempre, podamos honrar sus enseñanzas no solo con palabras, sino con acciones conscientes y amorosas.

AFIRMO: “Estoy dispuest@ y abierto a recibir toda posibilidad de ampliar mi
consciencia hasta revelar el Cristo que yace en mi ¡Y ASÍ ES!”