Echando un vistazo a … Mírame
Por Araceli López Méndez R.Sc.P.
contactoaracelilopez29@gmail.com
«No busques la aprobación de los demás, no necesitas la validación de nadie para sentirte completo». Anónimo
¿Recuerdan algún momento de su infancia en el que, con ilusión en el corazón, pedían a sus papás, abuelos, tutores o a quien estuviera a su cargo que los miraran después de un logro que para ustedes era inmenso? Quizás resuenen en su memoria aquellas frases tan sencillas como profundas: “¡Mírame, mamá!”, “¡Mírame, papá!”.
Algunas veces recibimos atención, aliento o una sonrisa. Pero muchas otras, la respuesta fue indiferencia, un “estoy ocupad@”, “ahora no”, “sí, ya te vi”, o incluso un regaño.
Recordar estos momentos no tiene como fin revivir el dolor ni despertar resentimientos. Más bien, nos ayuda a comprender por qué tantas veces se nos dificulta mirarnos y reconocernos tal cual somos: con nuestra luz y también con nuestra sombra; con nuestras fortalezas, pero también con nuestras heridas. Se trata de aprender a vernos como los seres valiosos y privilegiados que siempre hemos sido, más allá de los errores, del temor o de la infancia que nos marcó.
Es natural que el ser humano busque amor y aprobación, y lo primero que deseamos es recibirlo de nuestros padres o tutores. Pero cuando ese reconocimiento no llega, suele crecer dentro de nosotros la inseguridad y la desaprobación hacia nuestra propia esencia. Lo más desafiante es que esto ocurre sin que tengamos plena conciencia de ello.
La buena noticia es que siempre podemos transformar esas creencias y hacernos responsables de la vida que anhelamos.
Y para ello es fundamental recordar que somos uno con el Uno. Somos imagen y semejanza del Creador —o como cada quien prefiera llamarlo— y, desde ese origen divino, portamos en nosotros las mismas cualidades del Poder Supremo. Eso significa que tenemos la capacidad de manifestar el bien y la plenitud cada vez que lo elegimos.
Hoy quiero invitarte a dar un paso hacia esa reconciliación contigo mismo: mírate, reconócete, ámate y acéptate como el ser único e irrepetible que eres. No se trata de egoísmo ni de narcisismo; al contrario, es un acto de honestidad y de amor profundo. Cuando aprendemos a aprobar nuestra propia existencia, comenzamos a vivir en paz, a respetarnos y, desde ahí, a respetar a los demás. Porque si estamos bien por dentro, ese bienestar se expande a todos los que nos rodean.
Por ello, te invito a colocarte frente al espejo y afirmar, con voz firme, con pasión en el alma y convicción en el corazón:
Aquí y ahora, yo (tu nombre), me miro, porque cuando me miro, existo.
Aquí y ahora, yo (tu nombre), me miro, porque cuando me miro, me acepto.
Aquí y ahora, yo (tu nombre), me miro, porque cuando me miro, me valoro.
Aquí y ahora, yo (tu nombre), me miro, porque cuando me miro, me reconozco.
Aquí y ahora, yo (tu nombre), me miro, porque cuando me miro, me amo.
Aquí y ahora, yo (tu nombre), me miro, porque cuando me miro, me bendigo.
Aquí y ahora, yo (tu nombre), me miro, porque cuando me miro, yo soy.
Aquí y ahora, yo (tu nombre), me miro, porque cuando me miro, veo al Creador en mi ¡Y Así Es!
Que estas palabras frente al espejo sean más que simples frases: que se conviertan en semillas sembradas en tu corazón, capaces de florecer en amor propio, fortaleza y confianza.
Recuerda que cada vez que te eliges, que te apruebas y que te reconoces, el universo entero celebra contigo.
Hoy es un buen día para mirarte con ojos nuevos, con ternura y con gratitud, y abrazar tu vida como el regalo sagrado que es.
Si esta reflexión resonó contigo, te invitamos a seguir nutriendo tu corazón con más frases de autoestima en nuestra categoría especial.
Y si hoy quieres explorar algo diferente, usa nuestro buscador y encuentra justo las palabras que necesitas para inspirarte.
