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Echando un vistazo a… LA GRAN ESPERA
Araceli López Méndez R.Sc.P.
contactoaracelilopezmendez@gmail.com
Diciembre es el mes de La Gran Espera, es decir, el tiempo de adviento, período de preparación para la Navidad o Natividad.
Dentro del mundo cristiano, el Adviento es uno de los ciclos más significativos, pues rememora y prepara espiritualmente la llegada del nacimiento de Jesucristo, el Mesías, celebrado el 25 de diciembre. Etimológicamente, la palabra adviento proviene del latín adventus, que significa “llegada” o “venida”. Esta tradición religiosa, profundamente simbólica, se originó en la Edad Media y desde entonces se ha mantenido viva en la práctica de millones de creyentes alrededor del mundo.
El Adviento invita a los fieles a cultivar la esperanza, a prepararse interiormente y a mantenerse vigilantes mientras aguardan el nacimiento del Salvador. Este periodo comprende los cuatro domingos previos a la Navidad y suele representarse con una corona elaborada con ramas y follaje perenne, símbolo de la vida continua. La forma circular de la corona señala que Dios no tiene principio ni fin; es un recordatorio tangible de Su eternidad, de la inmortalidad del alma y de la vida eterna que Cristo vino a revelarnos. Sobre esta corona se colocan cinco velas: cuatro se encienden domingo a domingo y la quinta, conocida como la “vela de Cristo”, se prende en la Natividad.
Desde mi óptica, este ritual es profundamente hermoso y representa una oportunidad ideal para reunir anticipadamente a la familia y a los amigos, generar conexión y compartir la expectativa alegre del nacimiento de Jesús. Pero, además, considero que el Adviento es un espacio idóneo para la reflexión, la gratitud, el gozo y la renovación de la fe. Es un recordatorio de que la Luz siempre regresa, incluso en las noches más largas.
Sin embargo, también creo que el significado del Adviento puede acompañarnos cada día del año. Podemos vivir en constante consciencia de que Dios —o como cada uno Lo conciba— es Infinito, Perfecto y Eterno, sin principio ni final. Y así, inspirados por las enseñanzas del gran Maestro Jesús, estamos aquí para redescubrir nuestro poder interior, nuestra Unidad absoluta con el Creador y la verdad de que el Amor es aceptación total, sin juicio. El Adviento nos invita, finalmente, a emprender un viaje interno hacia nuestra propia consciencia crística: ese lugar profundo donde reconocemos que el Cristo habita en nosotros, esperando ser descubierto, expresado y vivido.
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Echando un vistazo al… Día de Muertos
Por Araceli López Méndez R.Sc.P.
contactoaracelilopezmendez@gmail.com
“Recordar es volver a vivir, recordar a los
que se fueron es mantenerlos vivos.”
Que maravillosas son muchas de nuestras tradiciones mexicanas, y en esta temporada, la celebración de Día de Muertos es simplemente genial; el pan de muertos, las calaveritas literarias y las de azúcar, la catrina, los altares, las flores de cempaxúchitl, las ofrendas, los panteones adornados y convertidos en amplios comedores donde los alimentos favoritos de aquellos que ya han partido son ahora degustados por los familiares y amigos.
El sincretismo da paso a esta tradición maravillosa donde perdemos por completo el temor a la muerte, nos reímos de ella y hasta la desafiamos.
Fuera de esta temporada y en términos generales, es un tema en ocasiones difícil de abordar. Nos es complejo aceptar que el hecho de morir es tan natural como nacer; es una parte del proceso de la vida que concluye y cierra su ciclo en un momento determinado e inesperado. No sabemos cómo, cuándo, dónde ni a qué edad, sólo llega y ya está, nuestro transitar por esta vida terminó.
Las diferentes culturas, filosofías y religiones tienen su propia idea acerca de lo que hay después de la muerte. Para algunos hay una vida eterna, para otros, la nada, la vida se acabó y tan tan. Hay quienes creen que prosigue la reencarnación, incluso, afirman que dependiendo de nuestros actos nos convertiremos en seres superiores o en inferiores como en algún animalito o planta.
Sea cual fuere nuestra idea de lo que hay posterior a la muerte, considero que la finalidad de saber que algún día partiremos también, es que disfrutemos al máximo de lo que hoy tenemos, de lo que aquí y ahora pensamos, sentimos y hacemos; de lo que nos proporcionamos a nosotros mismos y a los demás.
La muerte es una invitación a experimentar la vida, a saborearla, a contemplar su grandeza y su poder, de hacernos conscientes de nuestras elecciones, de aprender de las lecciones, de amar, de conocer, de apreciar, de agradecer, de compartir, de sonreír y de no tomarnos todo tan en serio, sino de ponerle un poco de picardía a las situaciones y salirnos del drama cotidiano.
Es tan corto el transitar por esta vida que no hay tiempo para juicios, para prejuicios, para críticas, para chismes. Cada día que pasa es la oportunidad de reconciliarnos, de conmovernos, de compadecernos, de comprender y perdonar.
Aprovechemos esta temporada para honrar nuestra vida y honrar a nuestros muertos recordando y conmemorando su vida, no su muerte.
Por ello, hoy comparto el poema de Ana María Rabatte, Cuando Muera:
Si quieres hacer feliz
a alguien que quieras mucho,
díselo hoy, se muy bueno,
en vida, hermano, en vida.Si deseas dar una flor
no esperes a que se mueran
mándalas hoy con amor,
en vida, hermano, en vida…Si deseas decir te quiero
a la gente de tu casa,
al amigo cerca o lejos,
En vida, hermano, en vida.No esperes a que se muera
la gente para quererla
y hacerle sentir tu afecto,
en vida, hermano, en vida…Tú serás muy venturoso
si aprendes a hacer felices
a todos los que conozcas,
en vida, hermano, en vida.Nunca visites panteones,
ni llenes tumbas de flores.
Llena de amor los corazones,
en vida, hermano, en vida…
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¿Te has preguntado por qué es tan difícil mantener un nuevo hábito? El libro Hábitos Atómicos de James Clear nos ofrece una guía práctica para lograr cambios reales, duraderos y significativos en nuestra vida. En lugar de enfocarse solo en los resultados, Clear propone un enfoque revolucionario: construir hábitos desde la identidad.
Te hemos preparado un resumen muy completo del libro que puedes descargar. Aprenderás cómo mejorar un 1% cada día, cómo dejar de sabotearte con metas vacías y cómo convertirte en la persona que realmente quieres ser.
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Cambiar tus hábitos no se trata solo de hacer listas o tener fuerza de voluntad, sino de construir una nueva historia sobre ti mismo. Cuando eliges mejorar un 1% cada día, estás eligiendo crecer, ser más consciente y diseñar tu vida desde dentro.
Cuéntanos, ¿con cuál habito vas a iniciar?
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Hace tan sólo unos días, escuchaba en el podcast de Vida Espiritual Mérida la entrevista a mi querida colega y practicante de Ciencia de la Mente, Lyan Daya. El entrevistador le preguntó por qué había elegido esta filosofía. Su respuesta fue profundamente conmovedora.
Lyan compartió que fue diagnosticada con un cáncer terminal y le dieron apenas unos meses de vida. Ante semejante noticia, ella —quien desde niña ya sentía un llamado hacia lo espiritual— decidió entregarse con total fe a Dios. Lo hizo acompañada del libro Tú puedes sanar tu vida, de Louise Hay, obra inspirada precisamente en la enseñanza de Ernest Holmes: la Ciencia de la Mente y Espíritu.Lyan comenzó a practicar afirmaciones, oraciones, lecturas y ejercicios que el libro propone. Su esposo, preocupado, le pidió que se sometiera a quimioterapia. Pero Lyan, con una certeza inquebrantable, respondió no con una frase que hoy resuena profundamente en mí: “¿Qué puedo perder?”
Con esa convicción, abrazó este camino espiritual y, desafiando todos los pronósticos médicos, sanó. Hoy forma parte activa de esta filosofía, con una autenticidad y entrega que inspiran. ¡Amén por esto, querida Lyan!
Esa pregunta —“¿Qué puedo perder?”— se quedó conmigo. Me llevó a contemplar: si tengo la fe en Dios del tamaño de un grano de mostaza, ¿qué puedo perder realmente? Tal vez sólo perdería el miedo, la duda, la preocupación… todo aquello que limita, que pesa, que entorpece mi andar.
¿Y si lo único que se pierde es la sombra? Porque también existe la incomodidad positiva: esa que nos impulsa a ir más allá, que nos llama a crecer, a confiar, a atravesar la incertidumbre con valor.
Desde entonces, no me he soltado de esta idea: si me entrego al Poder y la Presencia de Dios en mí, lo único que gano es luz, guía, amor, paz, gratitud y plenitud.
Entender la pregunta “¿Qué puedo perder?” como la puerta a la certeza y la libertad, es una revelación sin igual.
Hoy te invito a hacerte esa misma pregunta ante cualquier reto que enfrentes.
Quizá descubras que es el momento de ser tú, de soltar el peso del “qué dirán”, y abrazar tu autenticidad, tu propósito, y la confianza plena en que estás sostenido/a por la Fuente Infinita del Bien.
Y recuerda: cuando tu fe es tan grande como un grano de mostaza, lo imposible simplemente deja de existir.
Afirmación: Me entrego con fe al Poder y la Presencia de Dios en mí. Libero el miedo, la duda y la preocupación, y a cambio recibo guía, luz, amor y plenitud. Estoy sostenido/a por el Bien Infinito, y en cada paso confío en que lo mejor ya está ocurriendo ¡Y Así Es!
¿Qué puedes perder si eliges confiar plenamente?
Te invito a reflexionar sobre esta poderosa pregunta y a compartir en los comentarios qué descubres cuando sueltas el miedo y abrazas tu luz.
Y si aún no has leído el blog anterior, “El poder transformado de la pasión”, te invito a hacerlo. ¡Puede ser justo el impulso que necesitas hoy!
¿Sientes que estás haciendo mucho, pero sin avanzar realmente?
En este material visual, te comparto los aprendizajes que cambiaron la vida de Michael, el protagonista de una historia que va más allá de los negocios: habla del alma, las relaciones, el liderazgo y cómo dejar huella en el mundo.
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Este contenido se encuentra en una plataforma externa de confianza (Vimeo), y te compartiremos un enlace seguro.
Es exclusivo para fines educativos y de inspiración personal. No está disponible públicamente, ni es para uso, venta ni otra actividad comercial.
No es solo un resumen. Es una invitación a crecer, a recordar lo que te impulsa, y a construir tu propio legado.
Porque sí… hay días en los que todo pesa.
Porque hay responsabilidades que no se ven, pero agotan.
Porque no es fácil ser mamá, esposa, hija, trabajadora, soñadora…
ni papá, ni proveedor, ni sostén, ni ejemplo constante.
A veces el miedo nos paraliza.
El estrés nos ahoga.
Y el silencio duele más que cualquier grito.
Pero no estás sola.
No estás solo.
Este espacio nació de la necesidad de hablar de eso.
De decirlo sin filtros: esto es difícil, pero aún así, seguimos.
Tal vez te impulse el amor por tus hijos.
Tal vez una meta que te prometiste cumplir.
Tal vez la esperanza de una vida distinta.
Lo que sea que te impulse, aquí lo honramos.
Y lo recordamos contigo.