Echando un vistazo a… ¿Qué puedo perder?
Por Araceli López Méndez R.Sc.P.
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Hace tan sólo unos días, escuchaba en el podcast de Vida Espiritual Mérida la entrevista a mi querida colega y practicante de Ciencia de la Mente, Lyan Daya. El entrevistador le preguntó por qué había elegido esta filosofía. Su respuesta fue profundamente conmovedora.
Lyan compartió que fue diagnosticada con un cáncer terminal y le dieron apenas unos meses de vida. Ante semejante noticia, ella —quien desde niña ya sentía un llamado hacia lo espiritual— decidió entregarse con total fe a Dios. Lo hizo acompañada del libro Tú puedes sanar tu vida, de Louise Hay, obra inspirada precisamente en la enseñanza de Ernest Holmes: la Ciencia de la Mente y Espíritu.Lyan comenzó a practicar afirmaciones, oraciones, lecturas y ejercicios que el libro propone. Su esposo, preocupado, le pidió que se sometiera a quimioterapia. Pero Lyan, con una certeza inquebrantable, respondió no con una frase que hoy resuena profundamente en mí: “¿Qué puedo perder?”
Con esa convicción, abrazó este camino espiritual y, desafiando todos los pronósticos médicos, sanó. Hoy forma parte activa de esta filosofía, con una autenticidad y entrega que inspiran. ¡Amén por esto, querida Lyan!
Esa pregunta —“¿Qué puedo perder?”— se quedó conmigo. Me llevó a contemplar: si tengo la fe en Dios del tamaño de un grano de mostaza, ¿qué puedo perder realmente? Tal vez sólo perdería el miedo, la duda, la preocupación… todo aquello que limita, que pesa, que entorpece mi andar.
¿Y si lo único que se pierde es la sombra? Porque también existe la incomodidad positiva: esa que nos impulsa a ir más allá, que nos llama a crecer, a confiar, a atravesar la incertidumbre con valor.
Desde entonces, no me he soltado de esta idea: si me entrego al Poder y la Presencia de Dios en mí, lo único que gano es luz, guía, amor, paz, gratitud y plenitud.
Entender la pregunta “¿Qué puedo perder?” como la puerta a la certeza y la libertad, es una revelación sin igual.
Hoy te invito a hacerte esa misma pregunta ante cualquier reto que enfrentes.
Quizá descubras que es el momento de ser tú, de soltar el peso del “qué dirán”, y abrazar tu autenticidad, tu propósito, y la confianza plena en que estás sostenido/a por la Fuente Infinita del Bien.
Y recuerda: cuando tu fe es tan grande como un grano de mostaza, lo imposible simplemente deja de existir.
Afirmación: Me entrego con fe al Poder y la Presencia de Dios en mí. Libero el miedo, la duda y la preocupación, y a cambio recibo guía, luz, amor y plenitud. Estoy sostenido/a por el Bien Infinito, y en cada paso confío en que lo mejor ya está ocurriendo ¡Y Así Es!
¿Qué puedes perder si eliges confiar plenamente?
Te invito a reflexionar sobre esta poderosa pregunta y a compartir en los comentarios qué descubres cuando sueltas el miedo y abrazas tu luz.
Y si aún no has leído el blog anterior, “El poder transformado de la pasión”, te invito a hacerlo. ¡Puede ser justo el impulso que necesitas hoy!
