Echando un vistazo a las… Similitudes entre el Día de Muertos y
la Ciencia de la Mente
Por Araceli López Méndez R.Sc.P.
“Recordar es volver a vivir, recordar a los
que se fueron es mantenerlos vivos.”
Que fecha tan bella la del Día de Muertos. Como sabemos, esta celebración se lleva a cabo en varios países del mundo con el nombre de “Día de Todos los Santos”, pero nada tan especial y significativo como en México. Si bien, Janucá y Yom Kipur en la tradición judía son celebraciones tan sublimes e inspiradoras, o bien, el Día de Acción de Gracias en el Norte del Continente Americano es tan revelador y motivante, nuestro Día de Muertos no se queda atrás, sin pretender hacer ningún tipo de comparación, pues todos son únicos y sagrados, esta ceremonia ha cobrado una relevancia no solo local, sino a nivel internacional, tanto, que el tema ha sido motivo de inspiración para crear una hermosísima película como “Coco”.
En lo personal, también me he sentido inspirada a encontrar varias similitudes entre la celebración de Día de Muertos y la filosofía que practico desde hace ya casi 18 años, la Ciencia de la Mente. Vale la pena mencionar, que en la Ciencia de la Mente realizamos una ceremonia especial conocida como: “En Memoria de… (nombre de la persona)”, y que preferentemente se realiza a partir de 40 días o más, después de la partida del ser querido debido a que las emociones por el duelo están un poco más serenas y se puede participar con un corazón abierto y más conscientemente.
Dicho lo cual, aquí me permito compartir estas maravillosas coincidencias:
- En ambos casos, es una celebración a la Vida y en lo particular, la vida de las personas que se han adelantado a esa inexorable cita a la cual todos acudiremos.
- Recordamos con alegría sus anécdotas, sus enseñanzas, los momentos cruciales compartidos con la familia y amigos, y muchas memorias entrañables que nos remiten al amor, a la reconciliación, al reconocimiento y al perdón.
- Es un día de agradecimiento en virtud de que, gracias a su presencia física en otro tiempo, nos dejó recuerdos imborrables y lecciones importantes y en la mayoría de los casos, su ADN.
- Se construye un altar en el cual incluimos fotografías, alimentos, bebidas, objetos e incluso la música que más le gustaba a ese ser tan amado para recrear una convivencia sagrada y plena.
- Incluimos alguna(s) lectura(s) que en específico acaricie el alma y que nos recuerde que esos seres perduran eternamente en nosotros, tanto en el aspecto material como en el espiritual; Evocamos que la Vida es eterna y que un día nos reencontraremos en otro plano, por lo tanto, la mejor manera de honrar a los que se han ido es viviendo, pero viviendo bien y muy bien.
- Se trata de una celebración de aceptación y de aprender a vivir con la ausencia física y tal vez con dolor, pero es un dolor suave y hasta con una lágrima furtiva consoladora y sin sufrimiento, pues la energía que animaba a ese cuerpo prestado, no se destruye, solo se ha transformado en más luz y en un espíritu que ha evolucionado.
- También se comparte la inmortalidad del ser, pues perduraremos más allá de la muerte física dado que permanecemos en la memoria de nuestros seres amados y en la asombrosa genética, y, más allá de lo físico, continuamos en una expansión espiritual divina.
Por último, los invito a conmemorar esta fecha tan generosa recordando, no solo a nuestros seres amados, sino a recapacitar en que cada día podemos morir a situaciones no sanas y a renacer a una vivencia mejor, a una versión reformada de nosotros mismos y a probar una existencia de plenitud en el Espíritu que nos da la energía para transitar por esta fabulosa experiencia llamada Vida.
Afirmación: “Aquí y ahora, con un corazón abierto, agradezco a todos los seres que se han adelantado en el camino, por dejar huella de una u otra forma en mi corazón y en mi alma ¡Y Así Es!”
