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Cuando tu visión es clara, tu energía se ordena.

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Ilustración vintage de la heroína Señorita Kiu-tina, con capa verde y traje rojo con el emblema QTI, golpeando una piñata de colores. Imagen promocional del calendario descargable e imprimible de diciembre 2025 de www.queteimpulsa.com.mx

Calendario imprimible PDF Diciembre 2025

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Ilustración de una mujer mirando su reflejo en el agua al amanecer, rodeada de un paisaje dorado y suave. Representa la autenticidad como reflejo del alma.

Autenticidad, el reflejo del alma

Echando un vistazo a… Ser Único e Irrepetible
Por Araceli López Méndez R.Sc.P.
contactoaracelilopezmendez@gmail.com

“Mejor fallar en la originalidad, que triunfar en la imitación.” –
Herman Melville.

Seguramente hemos escuchado más de una vez esta frase, y quizá nos suene a algo repetido o trillado. Sin embargo, es una gran verdad que vale la pena recordar una y otra vez. Basta mirar nuestras huellas dactilares para solo comprobarlo: no hay otras iguales en todo el planeta. Ese simple detalle nos confirma que somos seres absolutamente únicos e irrepetibles.

¿Por qué es tan importante recordarlo?
Porque al hacerlo, evitamos caer en el hábito —tan común— de compararnos con los demás. No tenemos por qué ser como nadie más. A veces confundimos el comparar con el emular o admirar a alguien, cuando en realidad son cosas muy distintas.

Por ejemplo, podemos sentir una profunda admiración por la Madre Teresa de Calcuta. Conocemos su historia, su entrega, su grandeza espiritual, y deseamos seguir su ejemplo. Eso es algo sano y enriquecedor. Emular su bondad es posible, siempre y cuando lo hagamos desde nuestro propio espacio, con nuestro propio estilo y esencia. Porque no podremos ser nunca como la Madre Teresa, ni ella podría haber sido como nosotros.

Hay que reconocer que somos únic@s e irrepetibles dado que, también implica aceptar que las mismas cualidades divinas que ella manifestó existen en nosotros. Cada persona tiene la libertad y el privilegio de expresarlas de manera distinta, a través de sus talentos, habilidades y formas de amar. No necesitamos ser famosos para revelar nuestra esencia; la autenticidad no busca escenarios, simplemente se expresa. Las personas célebres sólo hacen visible, ante muchos ojos, lo que todos llevamos dentro —o, en algunos casos, nos muestran lo que no queremos repetir.

La vida misma nos recuerda esta verdad a cada instante. Basta mirar la naturaleza: ninguna hoja es igual a otra, aunque pertenezcan al mismo árbol; ningún pasto crece idéntico a su vecino. Y las rosas… me encanta pensar que las rosas de un mismo rosal no compiten entre sí. No buscan cuál huele mejor o cuál es más hermosa. Simplemente son. Cada una expresa su belleza sin esfuerzo, permitiendo ser admirada por todos —ricos y pobres, hombres y mujeres, niños y ancianos— sin distinción.

Ser únicos e irrepetibles nos conecta con la autenticidad, ese don divino que nos permite experimentar la vida de una manera profundamente personal. A través de nosotros, eso que llamamos Dios, Buda, Krishna o como cada uno prefiera nombrarlo, se expresa y se reconoce a Sí mismo. Y eso es algo extraordinario: significa que el Amor, la Sabiduría y la Belleza se están manifestando de una forma exclusiva e irrepetible en ti, en mí, en cada uno de nosotros.

La invitación queda abierta:
Date permiso de cambiar de paradigma y sentirte realmente único, original, con un sello de autenticidad excepcional. Aun si fueras gemelo, sigues siendo inconfundible.
Porque nunca ha habido, ni volverá a haber, alguien exactamente como tú.

AFIRMO: “Soy un ser único, auténtico e irrepetible merecedor de experimentar las condiciones más favorables de la vida sin compararme con nadie” ¡Y ASÍ ES!

Mujer de espaldas iluminada por un corazón dorado en el pecho, contemplando un cielo estrellado reflejado en agua tranquila al atardecer, con la frase “Mírate y ámate, eres único e irrepetible”.

Mírate y ámate, eres único e irrepetible.

Echando un vistazo a … Mírame
Por Araceli López Méndez R.Sc.P.
contactoaracelilopez29@gmail.com

«No busques la aprobación de los demás, no necesitas la validación de nadie para sentirte completo». Anónimo

¿Recuerdan algún momento de su infancia en el que, con ilusión en el corazón, pedían a sus papás, abuelos, tutores o a quien estuviera a su cargo que los miraran después de un logro que para ustedes era inmenso? Quizás resuenen en su memoria aquellas frases tan sencillas como profundas: “¡Mírame, mamá!”, “¡Mírame, papá!”.
Algunas veces recibimos atención, aliento o una sonrisa. Pero muchas otras, la respuesta fue indiferencia, un “estoy ocupad@”, “ahora no”, “sí, ya te vi”, o incluso un regaño.

Recordar estos momentos no tiene como fin revivir el dolor ni despertar resentimientos. Más bien, nos ayuda a comprender por qué tantas veces se nos dificulta mirarnos y reconocernos tal cual somos: con nuestra luz y también con nuestra sombra; con nuestras fortalezas, pero también con nuestras heridas. Se trata de aprender a vernos como los seres valiosos y privilegiados que siempre hemos sido, más allá de los errores, del temor o de la infancia que nos marcó.

Es natural que el ser humano busque amor y aprobación, y lo primero que deseamos es recibirlo de nuestros padres o tutores. Pero cuando ese reconocimiento no llega, suele crecer dentro de nosotros la inseguridad y la desaprobación hacia nuestra propia esencia. Lo más desafiante es que esto ocurre sin que tengamos plena conciencia de ello.

La buena noticia es que siempre podemos transformar esas creencias y hacernos responsables de la vida que anhelamos.

Y para ello es fundamental recordar que somos uno con el Uno. Somos imagen y semejanza del Creador —o como cada quien prefiera llamarlo— y, desde ese origen divino, portamos en nosotros las mismas cualidades del Poder Supremo. Eso significa que tenemos la capacidad de manifestar el bien y la plenitud cada vez que lo elegimos.

Hoy quiero invitarte a dar un paso hacia esa reconciliación contigo mismo: mírate, reconócete, ámate y acéptate como el ser único e irrepetible que eres. No se trata de egoísmo ni de narcisismo; al contrario, es un acto de honestidad y de amor profundo. Cuando aprendemos a aprobar nuestra propia existencia, comenzamos a vivir en paz, a respetarnos y, desde ahí, a respetar a los demás. Porque si estamos bien por dentro, ese bienestar se expande a todos los que nos rodean.

Por ello, te invito a colocarte frente al espejo y afirmar, con voz firme, con pasión en el alma y convicción en el corazón:

Aquí y ahora, yo (tu nombre), me miro, porque cuando me miro, existo.
Aquí y ahora, yo (tu nombre), me miro, porque cuando me miro, me acepto.
Aquí y ahora, yo (tu nombre), me miro, porque cuando me miro, me valoro.
Aquí y ahora, yo (tu nombre), me miro, porque cuando me miro, me reconozco.
Aquí y ahora, yo (tu nombre), me miro, porque cuando me miro, me amo.
Aquí y ahora, yo (tu nombre), me miro, porque cuando me miro, me bendigo.
Aquí y ahora, yo (tu nombre), me miro, porque cuando me miro, yo soy.
Aquí y ahora, yo (tu nombre), me miro, porque cuando me miro, veo al Creador en mi ¡Y Así Es!

Que estas palabras frente al espejo sean más que simples frases: que se conviertan en semillas sembradas en tu corazón, capaces de florecer en amor propio, fortaleza y confianza.

Recuerda que cada vez que te eliges, que te apruebas y que te reconoces, el universo entero celebra contigo.

Hoy es un buen día para mirarte con ojos nuevos, con ternura y con gratitud, y abrazar tu vida como el regalo sagrado que es.

Si esta reflexión resonó contigo, te invitamos a seguir nutriendo tu corazón con más frases de autoestima en nuestra categoría especial.

Y si hoy quieres explorar algo diferente, usa nuestro buscador y encuentra justo las palabras que necesitas para inspirarte.

Frase inspiradora de Voltaire en fondo rosa y dorado: “El sentido común no es nada común”

Sentido común sabiduría espiritual

Echando un vistazo al… Sentido Común y la Sabiduría Espiritual
Por Araceli López Méndez R.Sc.P.
contactoaracelilopezmendez@gmail.com

El sentido común no es nada común”. Voltaire


Revisando en internet el concepto del “sentido común”, tanto desde lo coloquial como desde lo científico, se describe como la capacidad de orientarnos en la vida cotidiana, tomar decisiones acertadas y actuar de manera razonable. Se le entiende también como un conocimiento adquirido a través de la experiencia y los sentidos, de forma espontánea, dispersa, acrítica y convencional, lo cual explica cómo obtenemos este valioso don. Incluso, algunos autores afirman que puede desarrollarse mediante la observación, la educación y la experiencia.

Desde mi perspectiva, y desde que inicié mis estudios en Ciencia de la Mente, percibo el “sentido común” como parte de la guía espiritual que cada persona tiene disponible en cualquier momento. Muchos pensamientos, actitudes y decisiones que surgen de la sabiduría espiritual van de la mano con el sentido común, pues ambos aluden a la lógica y a lo obvio, dejando a un lado lo absurdo o lo carente de propósito.

No obstante, aunque sabemos qué significa “tener sentido común”, a veces, como seres humanos, nos enfrentamos a desafíos y nos dejamos arrastrar por el temor, las dudas, la inseguridad o pensamientos derrotistas que nos impiden actuar con sabiduría. En esos momentos, pareciera que dejamos de lado esa brújula interna.

Gracias a las herramientas que he ido adquiriendo en esta maravillosa filosofía, quiero compartir lo que a mí me ha funcionado para volver al centro y dejarme guiar:

  • Enfocar la atención en la respiración, porque ella solo ocurre en el eterno presente.
  • Agradecer al miedo su intención de protegerme, reconociendo que lo que aparece en mi mente es solo un pensamiento o una conjetura alimentada por ese temor.
  • Elegir conscientemente dos pensamientos sanadores, positivos y amorosos acerca de mí misma, contrarios a lo que me causa ansiedad.
  • Repetir una y otra vez la frase de Ciencia de la Mente:
  • Me entrego al poder y a la presencia de Dios dentro de mí.”
  • Recordar que en mi interior habita un Dios —Buda, Yahvé, Mente Creadora, Energía Divina o como cada quien lo nombre— congruente, coherente, sabio y, por supuesto, lleno de “sentido común”.

AFIRMACIÓN: Yo estoy divinamente guiad@ para mantenerme atent@ y resolver mis asuntos y/o desafíos desde la sabiduría interior y el sagrado “sentido común” ¡Y Así Es!

Napoleon Hill llamó a esta guía interior “el sexto sentido” en su clásico Piense y hágase rico. Si quieres profundizar más en cómo fortalecer esa voz interna, te invito a explorar el resumen y video que tenemos en Que Te Impulsa.

Portada como superar la procrastinación en fondo rosa y letras doradas.

Superar la Procrastinación

Echando un vistazo a… la procrastinación
Por Araceli López Méndez R.Sc.P.
contactoaracelilopez29@gmail.com

«Nunca dejes para mañana lo que puedas hacer pasado mañana», atribuida a Mark Twain

Procrastinar: Más Allá de la Pereza
¿Te ha pasado que tienes una tarea importante que hacer, pero en lugar de empezar, te encuentras viendo videos en internet, revisando tus redes sociales o limpiando un rincón de la casa que ni siquiera estaba sucio? Si la respuesta es sí, entonces sabes lo que es procrastinar.

¿Qué es la Procrastinación?
En su definición más simple, procrastinar significa posponer o aplazar una actividad o responsabilidad que debe ser atendida. A menudo lo hacemos por diversas razones, siendo la principal una forma de evadir. El cerebro busca excusas y pretextos para no comenzar una tarea que percibe como un desafío, o que le genera miedo, dolor o confrontación.

De hecho, una de las formas más comunes de posponer es sumergirse en actividades que consumen todo nuestro tiempo y energía, como sucede con los adictos al trabajo, quienes usan su incesante labor para no enfrentar sus asuntos personales. Frases como «no tengo tiempo» o «estoy ahogado en trabajo» son excusas perfectas para evitar lo que realmente importa.

Miedo al Fracaso y Perfeccionismo
Contrario a la creencia popular, las personas que procrastinan no son irresponsables ni perezosas. En muchos casos, son individuos con altos estándares de perfeccionismo que temen no cumplir las expectativas de otros o las propias. Ante la posibilidad de no lograr un resultado perfecto, se sienten abrumados y deciden aplazar la tarea. Este miedo genera una espiral de estrés, culpa y ansiedad, que a su vez alimenta más la procrastinación. La ansiedad de pensar en lo que evitan es a menudo más dolorosa que el hecho de enfrentar la situación.

¿Cómo Podemos Superar la Procrastinación?

  • La solución no es sencilla, pero es posible. Superar la procrastinación comienza con un compromiso honesto con uno mismo.
  • Cambia tus creencias: Reconoce que el miedo al fracaso o al perfeccionismo son ideas que te limitan. En lugar de pensar «no puedo hacerlo», enfócate en la idea de que eres capaz y mereces el bienestar.
  • Organiza y disciplina: Crea nuevos hábitos. Planifica tus tareas y divídelas en pasos pequeños y manejables. La disciplina, cuando se aplica con amor y cuidado hacia uno mismo, es tu mejor aliada para lograr tus metas.
  • Toma acción: La única forma de finiquitar tus proyectos y alcanzar tus metas es poniendo manos a la obra. No esperes el momento perfecto, solo empieza.
  • Recuerda, tienes el poder de elegir y el libre albedrío para crear tu propio destino. Eres un ser con la capacidad de renovarte y comprometerte a terminar lo que empiezas, sin pretextos ni excusas.

Afirmación: Aquí y ahora, soy un ser totalmente renovado, activo y comprometido conmigo que concluye todo lo que inicia sin pretextos ni escusas “¡Y Así ES!”

¿List@ para dejar atrás la procrastinación? Inspírate aún más con el libro “Habla menos, actúa más” de Brian Tracy, y da hoy el primer paso hacia tus metas.

Portada del libro piense y hágase rico de Napoleon Hill

Claves de Éxito en Piense y Hágase Rico

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Portada inspiradora en tonos rosa y dorado con flores y la frase Fortalece tu autoestima

Autoestima auténtica

Echando un vistazo a la… Autoestima
Por Araceli López Méndez
contactoaracelilopezmendez@gmail.com

Lo que está por delante de nosotros y por detrás de nosotros son tan solo pequeñeces comparado con lo que hay dentro de nosotros (Ralph Waldo Emerson)

La autoestima es una de las herramientas más importantes que poseemos para navegar la vida. A menudo, se confunde con la vanidad o el ego, pero en realidad, es algo mucho más profundo. Para entenderla, descompongamos el término: «auto» se refiere a uno mismo, y «estima» es el valor, respeto y aprecio que se le da a algo o alguien.

En esencia, la autoestima es el juicio de valor que hacemos de nosotros mismos. Se construye a partir de cómo nos vemos, cómo nos sentimos acerca de nuestros logros y, de manera crucial, cómo aceptamos nuestras debilidades. No se trata de un concepto estático; es algo que cultivamos y nutrimos a lo largo de nuestra vida, influenciado por nuestras experiencias, relaciones y la manera en que hablamos con nosotros mismos.

Mientras que en algunas filosofías orientales el concepto de la individualidad se diluye en un todo universal, en el mundo occidental, la individualidad es el pilar de nuestra sociedad. Aquí, a menudo nos comparamos con los demás, buscando aceptación externa y midiendo nuestro valor en función de lo que los otros piensan de nosotros.

Una autoestima sana te permite romper con este ciclo. No se trata de pensar que eres perfecto —porque nadie lo es—, sino de reconocer que eres un ser único e irrepetible que está en constante aprendizaje y evolución. Te da la fuerza para vivir de manera auténtica, sin la constante necesidad de aprobación.

Una autoestima sólida es la base para una vida plena que te permite:

  • Asumir la responsabilidad de tus decisiones, tanto de tus éxitos como de tus fracasos, en lugar de culpar a los demás.
  • Desarrollar seguridad personal y la capacidad para manejar desafíos con confianza.
  • Mantener una actitud positiva ante los retos y verlos como oportunidades para crecer.
  • Tomar decisiones sabias que te beneficien, sin dejarte llevar por las expectativas o presiones ajenas.
  • Establecer límites sanos y respetar tu propio bienestar. Cuando te valoras, es más fácil decir «no» a lo que te daña y «sí» a lo que te nutre.

Mejorar tu autoestima es un viaje personal que requiere paciencia y auto-compasión. Aquí hay algunas estrategias prácticas para empezar:

  1. Haz un inventario de tus fortalezas. Toma un momento para pensar en todo lo que haces bien, sin importar si te parece pequeño. Podría ser tu creatividad, tu habilidad para escuchar a los demás, tu paciencia o tu sentido del humor. Si te cuesta, pide a tus amigos o familiares que te ayuden a identificar tus talentos.
  2. Practica el auto-elogio diario. Habla contigo mismo de manera amable y alentadora. Antes de dormir, recuerda al menos dos cosas que hiciste bien o de las que te sientes orgulloso, como «Fui muy paciente hoy en el tráfico» o «Terminé esa tarea difícil con éxito». Este simple hábito puede reprogramar tu mente para enfocarse en lo positivo.
  3. Cuida tu cuerpo. Tu cuerpo es el hogar de tu ser. Honra y respeta tu cuerpo a través de hábitos saludables, como una buena alimentación y ejercicio, no para cambiarlo, sino para nutrirlo. Acepta su forma, tamaño y color, y recuerda que es el vehículo que te permite experimentar y sentir el mundo.
  4. Acepta la imperfección. Hay aspectos de ti que no puedes cambiar y está bien. En lugar de luchar contra ellos, acéptalos. La aceptación no es resignación, es un acto de amor propio que te libera para concentrarte en lo que sí puedes mejorar.
  5. Desafía tu diálogo interno negativo. Esa voz crítica en tu mente no siempre tiene razón. Cuando escuches un pensamiento negativo, como «No soy lo suficientemente bueno», no lo aceptes. Di: «Gracias por participar, pero ese pensamiento no me sirve ni me pertenece». Al hacerlo, le quitas su poder sobre ti.
  6. Cultiva la gratitud. La gratitud es un antídoto contra la baja autoestima. Al agradecer por lo que tienes —desde las cosas grandes hasta los pequeños detalles del día a día—, te enfocas en la abundancia de tu vida en lugar de en lo que te falta.


Afirmación: Aquí y ahora, genero una hermosa autoestima como uno de los trabajos más gratificantes de mi vida. Al invertir en mí mism@, me beneficio, mejoro mis relaciones con el mundo y con las personas que me rodean ¡Y Así Es!

Tu autoestima es la semilla de una vida plena. 🌸 Si este artículo te inspiró, te invito a explorar más reflexiones y recursos en Que Te Impulsa, un espacio creado para recordarte tu valor y acompañarte en tu crecimiento personal.

Espejo y máscara para reflexionar sobre la vanidad, el vicio maestro.

Vanidad vicio maestro

Echando un vistazo a… La Vanidad: el “vicio maestro”
Por Araceli López Méndez R.Sc.P.
contactoaracelilopezmendez29@gmail.com


Seguramente muchos recuerdan la película El Abogado del Diablo. En su escena final, el personaje que encarna al diablo por el gran actor Al Pacino, pronuncia con deleite: “¡Vanidad, mi pecado favorito!”. Y cómo no serlo… si con solo tocar esa delicada fibra vanidosa, la manipulación se vuelve sencilla. Basta una alabanza calculada para que “el abogado” ceda ante sus insinuaciones. Como bien dijo Deepak Chopra: “Los seres humanos inventaron al diablo para poder echarle la culpa a alguien”.


En la Tercera Morada, Santa Teresa describe la Segunda Sequedad del ser, y allí encontramos la vanidad en su forma más profunda. No se trata de arreglarse o lucir bien —lo cual es saludable si se encausa con equilibrio—, sino de esa soberbia que no reconoce más razón que la propia; de la egolatría que ansía elogios y no admite semejantes; de un narcisismo que desprecia y maltrata, o incluso, de una falsa humildad que en el fondo solo busca aplausos.

Mostrar nuestro valor y reconocer nuestras cualidades es sano; excederlo, es caer en el vituperio. La persona vanidosa suele creer que su opinión es la única válida, recurriendo a chantajes, manipulación, descalificación o desaprobación para imponerse. Con frecuencia, observa con lupa los errores ajenos para erigirse en juez y dictar sentencia.

Pero en lo más hondo, la vanidad esconde dolor y sufrimiento. Sanarla requiere un primer paso: reconocerla. Solo así podremos transitar el camino hacia el amor, la aceptación, la seguridad, la confianza, la autoestima, el respeto y la comprensión. Solo así podremos recordar que somos seres únicos, irrepetibles y eternamente uno con el Creador.

La vanidad, en el fondo, no es más que otra máscara del miedo y la inseguridad.
Lupita Sánchez del Moral, gracias por inspirarme en este tema.

Afirmación: En el eterno presente, me reconozco con una autoestima alta y vibrando en Amor incondicional. Estoy segur@ de mí mism@, sin necesidad de la vanidad. ¡Y así es!

Si este tema resonó contigo, te invito a explorar más reflexiones y afirmaciones en Que Te Impulsa. Descubre otras lecturas que nutren el alma y encuentra inspiración en cada categoría de nuestra página.

La generosidad, representando esa esencia.

Practicando la Generosidad: Más Allá de lo Material

“La ley de la prosperidad es generosidad. Si quieres más, da más”. – Bob Proctor

Echando un vistazo a… La Generosidad: Un Gozo del Alma
Por Araceli López Méndez R.Sc.P.
contactoaracelilopezmendez@gmail.com

Una de las cualidades divinas más hermosas, y que sin duda llena el corazón de profundo gozo es la generosidad. Su raíz etimológica proviene del latín generosĭtas, que alude a la noble inclinación de dar y compartir más allá del propio interés.

A menudo se asocia la generosidad con la caridad, y aunque ambas comparten una noble intención, no son exactamente lo mismo. La caridad suele implicar dar desde la abundancia o desde aquello que no hace falta e incluso, sobra —lo cual también es valioso—, mientras que la generosidad es una virtud más profunda: nace del desprendimiento absoluto, se ofrece sin esperar recompensa, y brota simplemente del anhelo de procurar el bien a otro ser.


Contrario a lo que muchos creen, la generosidad no se limita a lo material. Se manifiesta en actos sencillos y poderosos: regalar tiempo, colaborar en una tarea, acompañar a un enfermo, escuchar con el corazón sin intervenir, abrazar a quien lo necesita, o hablar bien de alguien ausente. Cada uno de estos gestos encierra una entrega sincera.


Asimismo, y, tal como indica el mensaje de Bob Proctor, la Ley de la Prosperidad se activa con mayor precisión al dar, es decir al practicar la generosidad sin temor.
Un claro ejemplo de generosidad lo encontramos en los miles de personas voluntarias que, en medio del anonimato, se movilizan para asistir a víctimas de terremotos, huracanes o desastres naturales. Algunas incluso cruzan fronteras para estar donde más se les necesita, sin buscar otra cosa que aliviar el sufrimiento ajeno.

En los últimos años, se ha difundido cada vez más la idea de dar en silencio, sin alardes. Esa premisa que dice: “que tu mano derecha no sepa lo que hace tu izquierda”. Y si bien es una forma profundamente noble de practicar la generosidad, también considero que visibilizar ciertos actos de entrega puede ser igualmente valioso. Compartir historias de generosidad puede inspirar, despertar conciencias y sembrar el deseo de contribuir en otros corazones.


Desde la ciencia, también se han estudiado los efectos de esta virtud. La oxitocina —conocida como la hormona del amor— está íntimamente vinculada con la generosidad. Esta sustancia natural no sólo favorece la felicidad, la conexión emocional, la empatía y el apego, sino que estudios han revelado que duplica la inclinación a la generosidad frente a la caridad. Esto refuerza la idea de que ser generoso implica una profunda identificación emocional con el otro.


Y quizá uno de los gestos más elevados de generosidad es aquel que se brinda a quienes no nos simpatizan, o incluso nos han herido. Allí donde se ofrece sin afinidad ni agrado, florece una entrega aún más poderosa. Como bien lo expresó Santa Teresa de Ávila: El secreto no está en pensar mucho, sino en amar mucho.”

Afirmación: “Me comprometo a ser alguien quien bendice y multiplica la generosidad hacia mí y hacia los demás ¡Y ASÍ ES!

Si esta reflexión tocó tu corazón, te invito a descubrir más sobre el poder de la generosidad en nuestras historias y artículos especiales. Visita la sección del libro Las 4 leyes de la Prosperidad en Que Te Impulsa y deja que su inspiración guíe tus días.